lunes 26 de diciembre de 2011

CARTA AL TIEMPO

Querido amigo:

En el alfiler de un momento
cabe la eternidad
tuya
como una aguja,
pero te dividimos,
con lo bien que tú sumas, restas y multiplicas
-te lo agradezco mucho-
nuestra estancia
en tus nalgas
como incómodos granos
o como hormigas
a la altura de tus pies.

Es porque nos extirpas o nos pisas
-te lo agradezco mucho-
que podemos vibrar con grandes elegías.

Te pusimos caretas
-calendarios y agendas-
pintándote así un rostro
de pared y escritorio que sin duda no tienes.
Te lo agradezco mucho,
porque ya son
-o somos-
muchos los caraduras.

Muchas gracias
también
por el día y la noche,
ese par de relojes que jamás te has quitado
y para sí quisieran las altas joyerías.

Y, sobre todo, gracias
-gracias, Tiempo, mil gracias-
por ese don de darnos recuerdos y proyectos,
inventor de pasado y futuro en la mente,
siendo
tan sólo
un tiempo.