sábado 14 de noviembre de 2009

¡HURRA POR LOS IMBÉCILES DEL MUNDO!

Así como Dios -dicen-
ellos están en todos los lugares
formando parte del paisaje,
conque asomado al balcón de la libertad
uno muy razonable
se pone a berrear:

¡Hurra por los imbéciles del mundo!
¡Hurra por los imbéciles del mundo!
¡Hurra por los imbéciles del mundo!

Supone que -por esto mismo-
podrían tacharle de perfecto imbécil
o diagnosticarle un desequilibrio
o encerrarle por escándalo público,
pero no aguanta más...

¡Hurra por los imbéciles del mundo!
¡Hurra por los imbéciles del mundo!
¡Hurra por los imbéciles del mundo!

(Acepta. Celebra. Berrea).

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Adolfo González
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